

¿Y si en vez de plantar edificios plantamos flores?
No buscamos provocar por provocar, sino abrir canales en este diálogo de sordos, donde la publicidad pareciera la única legitimada para hablar. Bienvenida la provocación bien estimulada y bien recibida: generación de discusiones en profundidad –no en superficie–, y dadas en un mismo plano –no en varios–; apertura de canales para el diálogo y para la (inter)acción compartida por pocos o muchos; replanteo crítico de las condiciones de producción para hacer publicidad; replanteo crítico de las condiciones de reconocimiento del orden que legitima lo bello; aceptación del entrecruzamiento de los géneros y en los géneros.
¿Cómo hablar de lo que nos pasa sin banalizar lo que decimos en una ciudad anestesiada?